
El sol brilla en las aguas del estero, entorno los ojos debajo de las gafas de sol, las irissaciones son destellos de blanco sobre verde, la marea está vacía, el nivel del caño está muy bajo, el del estero alto. Las gaviotas ya no atacan, están entretenidas en atacar a sus crías que empiezan a volar; tienen esa extraña manera de darles la bienvenida a la comunidad. En cierto sentido muchos padres de esta generación hacen lo mismo con sus hijos: los sobrepotegen cuando están en el nido, pero cuando empienzan a querer volar...lo que antes eran algodones se convierte en otra cosa. El todo vale anterior se convierte en ya está bien, ya eres mayorcit@, espabila.
El calor es húmedo, hace una ligera brisa de poniente; cuando llevo 45 minutos me paro espontáneamente, me cobijo en el único árbol que hay por los alrededores y practico un ejercicio de "meditación en movimiento", simplemente me ha apetecido hacerlo. Ha estado bien; recorrer 20 metros en 10 minutos, respiración, atención alerta a la postura, a los gestos...he seguido trotando, el calor aprieta, mi mente está serena, tranquila, todo sigue el curso natural de las cosas.
Sed felices o, al menos, intentadlo...
Siempre es una satisfacción leer tus entradas...
ResponderEliminarEs un placer para mi volver a entrar en tu blog y relajarme con tus artículos después de unos momentos malos que me toco vivir.
ResponderEliminarBueno un saludo...
y a disfrutar de la vida
es en la quietud de adentro
ResponderEliminarque aparece la lucidez
y la paz para compartirla
besos
las gaviotas, tan magistralmente retratadas (y humanizadas) en "buscando a nemo" ;)
ResponderEliminarCaminando llegué de casualidad a tu espacio, reconforta encontrar tanta serenidad en este fugaz descanso.
ResponderEliminarUn abrazo.
Esa sabiduría y serenidad para plasmar la sencillez de la vida, te hace grande, Runner.
ResponderEliminarUn remanso leerte. Besos, Monique.