domingo, 20 de abril de 2014

EL RECUERDO Y LAS CROCS...


Hay personas que irradian alegría y luz, son almas limpias que nos hacen la vida más luminosa, más llevadera. Se colaba por la haima todos los días, saludaba, abrazaba y sonreía; un día trajo un paquete de lomo embuchado que compartió con todos nosotros.

Cometió el error de ir a curarse las ampollas al botiquín de los franceses (podían llamarles los carniceros del desierto). Tienen  la extraña forma de curar las ampollas: cortar, tapar y cerrar, cuando te quieres poner las zapatillas con los pies hinchados el dolor es insoportable, muchos han abandonado por esta razón; Rafa no lo hizo.

En la cuarta etapa de 81 kms lo vi calzado con las crocs, envueltas en las polainas y esparadrapo, su cara era un poema, apesadumbrado y hundido; lo abrazamos y, entonces habló: “Mi padre murió con 44 años, esto no es nada, nada comparado con eso” una luz brilló en su mirada, una poderosa luz, una potente fuerza lo poseyó, ya no era la persona hundida de un segundo; su padre estaba allí. Lloramos y eso nos liberó.

En el kilómetro 4 nos pasó con trote extraño. Volvía a sonreir, al sobrepasarnos nos regaló una maravillosa sonrisa que se me ha grabado en el alma, agitó la mano y nos dijo: ¡Os quiero!.

No lo volví a ver, poco después el desierto caería sobre mí; probablemente nunca lo volveré a ver pero recordaré su gesto amable, su forma de ser y de estar.
Estoy seguro de lo habrás conseguido, lo vi en tu mirada, probablemente las crocs y el recuerdo hayan sido una fórmula perfecta para que Rafa, el de la sonrisa eterna, haya llegado donde quería.

En el camino, sobre, junto a ti, la presencia, el calor de tu papá te habrá confortado y ayudado a conseguirlo y eso me hace feliz en estos momentos de soledad.

Hasta siempre Hermano de la eterna sonrisa…no la pierdas nunca.

Casablanca

Escrito desde la cara oculta de la luna

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